Angelopoulos

26 enero, 2012 | En Cine | No hay comentarios

Theo Angelopoulos, El viaje a Citera

El nombre de Theo Angelopoulos irá siempre estrechamente unido a mi propia historia como aficionado al cine. Ser adolescente y tener un hambre voraz de cine a principios de los 90 podía ser fantástico (¿cuándo no lo ha sido?). No tenía foros de cine clásico ni blogs, pero tenía la crítica de José Luis Guarner cada mes en el Fotogramas (también en televisión cada semana con el recién estrenado Días de Cine junto a Daniel Monzón) y, sobre todo, tenía Cine Club, en La 2, donde cada noche grababa la película que hicieran para verla la tarde siguiente. Cine de todas nacionalidades y épocas, siempre en versión original subtitulada.

Theo AngelopoulosLo cierto es que apenas guardo recuerdos de qué películas vi en aquella época. Sí recuerdo Trono de Sangre de Kurosawa y La muerte del maestro de la casa de te, de Kei Kumai en un ciclo dedicado al cine japonés; y recuerdo El viaje a Citera, de Angelopoulos. Pocas películas me han dejado tal huella en mi vida. Me cuesta creer que con 16 o 17 años pudiera apreciar todo lo que esta película contiene, pero aún así algunas de sus imágenes no me han abandonado en estos años y la sigo considerando una de mis películas favoritas.

Por esa misma época, también se emitió Los cazadores (seguramente se tratase de un ciclo dedicado a Angelopoulos, aunque no recuerdo ninguna otra película). Cuando iba cerca de la mitad de sus dos horas y media de duración, la emisión fue interrumpida para retransmitir en directo un partido de tenis que se disputaba en algún lugar del mundo cuya diferencia horaria impidió me ver el final de la película.

Es curioso, pero nunca terminé de ver Los cazadores. Esos foros de cine clásico de los que hablaba al principio la ofrecían y hoy en día hasta existe una magnífica edición española de toda su filmografía en DVD gracias a Intermedio. Ahora que Theo Angelopoulos ha fallecido, terminar de ver Los cazadores podría ser mi particular homenaje. Pero no podré evitarlo y volveré a ver El viaje a Citera.

 

Cine y tiempo (libre)

19 enero, 2012 | En Cine | No hay comentarios

Nader y Simin, una separación

Andrei Tarkovsky consideraba el cine como el arte de esculpir en el tiempo. Para muchos aficionados al cine, sin embargo, el tiempo es la mayor de nuestras limitaciones. Al menos lo es en mi caso. Son pocos los momentos del día (más bien de la noche) que quedan para ver alguna película. O al menos parte de una, porque pocas son las películas que he visto enteras de tirónen los últimos años. Y ese es un gran motivo por el que las series, que aceptan mejor un visionado fragmentado, además de por la asombrosa calidad de algunas de ellas, han ocupado ese tiempo. ¿Qué hacer con ese tiempo que queda para el cine? ¿Qué películas elegir? ¿Qué criterio seguir?

Mejor déjà-vu que jamais-vu
Qué le voy a hacer si solo el olor de rollito de primavera me da ganas de ver Golpe en la Pequeña China. Y eso en el mejor de los casos, porque para volver a ver las tres películas de Regreso al futuro ni siquiera me hacen falta motivos.  Lo mismo puedo decir de James Bond o casi todo el cine americano de los años 30 y 40 que ya he visto. ¿Cómo puede competir la incertidumbre contra un par de horas de entretenimiento asegurado?

Productos de contrastada solvencia
Las marcas en general me suelen decir muy poco. Pero en cuestión de cine, hay ciertos nombres que han conseguido llevar un paso más allá la pasión del cinéfilo. No es lo mismo El ángel exterminador que El ángel exterminador de Criterion. Lo mismo se puede decir de Arrow Video para el terror y los exploitations. Son ediciones con una calidad excepcional, y además tienen un estupendo criterio (ahí he estado fino, ¿eh?) editorial. De la misma manera, hay nombres que también funcionan como marca: no se puede hacer ascos a un Marvin LeRoy,  a un Fritz Lang, o a un Kurosawa.

En estos momentos me esperan una pila de Criterions de Ozu, tres Satyajit Ray que todavía no he visto de Artificial Eye, Tenebrae de Argento con comentarios de Kim Newman, un par de miniseries de la BBC policiales y de espías de los 70 y los 80, y casi todas las películas de una caja de 21 DVDs de la Hammer. Con todo eso pendiente, querer aventurarse con una película que solo tiene como mérito salir en las listas de lo mejor del año pasado de un puñado de críticos no parece ni siquiera razonable.

Y sin embargo… 
De vez en cuando surge un impulso de ver alguna de esas películas de las que críticos y bloggers de cine hablan. No con desconfianza, porque a pesar de lo que pueda parecer, no soy un espectador prejuicioso. En los últimos días he visto Anticristo y Melancolía de Lars Von Trier, Carlos de Olivier Assayas, Bridesmaids de Paul Feig,  Super 8 de JJ Abrams y Nader y Simin, una separación de Asghar Farhadi. Se podría decir que he ido a lo seguro, ya que estas películas han ocupado

Sobre las dos últimas películas de Lars Von Trier, me extenderé más (bastante más, aviso) en breve, pero puedo avanzar que me han impresionado, sobre todo Anticristo. Carlos, vista en su formato de miniserie, es tremenda. Este relato de tono épico sobre un loser con aspiraciones de estrella atrapa, e incluso parece difícil que pueda reducirse sin perder la eficacia, sobre todo de la parte central del asalto a la cumbre de la OPEP. Bridesmaids es la única que no me ha terminado de gustar. Le reconozco muchos méritos a la película y tiene momentos francamente divertidos, pero Appatow y sus satélites deberían saber que las comedias de más de 100 minutos de duración están reservadas para muy pocos. Super 8 es fantástica. Un homenaje a un tipo de cine, el blockbuster familiar de los 80, que no requiere de artificios ni reflexiones post-modernas ni miradas irónicas para justificarse. Nader y Simin, una separación merece un párrafo aparte.

Siempre he considerado vacío un determinado cine de ideas. Aquel cine que solo se interesa por transmitir su mensaje, vacío de forma y de contenido. Un cine que ha escurrido el bulto como denuncia social cuando sus obras no eran más que apáticos monumentos al ego de sus creadores. Imaginaba que Una separación sería una de esas películas. No podía estar más equivocado. La herramienta más sólida con la que cuenta la película de Asghar Farhadi es su guión. Una estructura muy elaborada con una gran atención a los más pequeños detalles. Con más raíces en el neorrealismo italiano de los 50 que en el cine iraní de los noventa, Nader y Simin, una separación la trama tiene menos que ver con la separación que da título a la película (aunque finalmente todo acaba volviendo a ella) que con cómo los personajes utilizan las mentiras, las verdades omitidas y las medias verdades para justificar su posición ante los demás personajes. Posiciones injustificables a medida que pequeños acontecimientos les va arrastrando poco a poco a ser quienes no quieren ser.

Nader y Simin, una separación es un ejemplo de que en ocasiones el consenso crítico (casi universal en el caso de esta película) es acertado. Y que hay películas contemporáneas que merecen la pena un hueco entre Ozus y Rays.

Los “paper toys” de Marshall Alexander

8 septiembre, 2011 | En Diseño/Arte | Un comentario
Paperboy

Paperboy, uno de los paper toys de Marshall Alexander

El fenómeno de los paper toys (literalmente juguetes de papel, aunque deberían llamarse muñecos de papel) sigue creciendo: webs, revistas, libros, exposiciones, y una base de aficionados que disfrutamos al máximo tanto del proceso de recortar, doblar y pegar como del resultado final visible en nuestras estanterías. Lo que empezó como una respuesta económica y DIY de los designer toys, esos muñecos de vinilo altamente atractivos y de precio elevado, tiene entidad propia. Cualquiera puede descargar un archivo, imprimirlo (en un papel decente), y montar su propia pequeña obra de arte.

De entre todos estos diseñadores/ingenieros hay un nombre que se ha convertido en referencia por su talento: Marshall Alexander. No es el diseñador más original de los que se dedican a diseñar muñecos, ni es el más arriesgado ni el más complejo. Pero sí ha conseguido, a través de pequeños detalles, desarrollar una línea propia, alejada de la estética “urbana” habitual de este tipo de objetos. Marshall Alexander está más inspirado por los ilustradores británicos de los años 60 que por los grafiti.

Un claro ejemplo sería Easy Listening, una de sus últimas obras (más que un muñeco es toda una escena) , y de las más conseguidas. En este vídeo subido por la Paper Convention Collective podéis ver al propio Marshall Alexander montando esta obra:

No lea todavía… Hágalo después de la publicidad.

20 abril, 2011 | En Literatura | No hay comentarios

Amazon va a lanzar ua versión de su libro electrónico, el Kindle, a un precio reducido (con un descuento de 25$ —un 18% de su precio actual—, pasa a costar 114$), a cambio de incorporar anuncios. Lo han llamado  “Kindle with Special Offers” (Kindle con ofertas especiales). Un par de cosas que hay que dejar claras sobre los anuncios que mostrará el Kindle:

  • Los anuncios no interfieren en el texto de los libros. Sólo aparecen como salvapantallas cuando el dispositivo está apagado o en el menú de inicio (el índice de libros). Por lo tanto, no será como los anuncios de televisión, ni  como los de Spotify, ni siquiera como los de las revistas, que muchas veces comparten página con el contenido. Actualmente las imágenes que aparecen actualmente en el Kindle cuando duerme son: la descripción de la palabra kindle sobre la silueta de un hombre leyendo un libro bajo un árbol, unos pájaros (seguramente inspirados por esto), Virginia Woolf, Julio Verne, una página de un códice medieval, Jane Austen, Ralph Ellison, Harriet Beecher Stowe, Emily Dickinson, una ilustración de las constelaciones Hércules y Ofiuco, una ilustración de un astrónomo y una mujer con un sextante gigante, Mark Twain, una pintura del siglo XVI representando a la Sibila Samia, unos peces, John Steinbeck, Erasmo pintado por Hans Holbein, un grabado de Durero representando a San Jerónimo en su gabienete, un retrato de Alberto de Brandenburgo —también de Durero—, Charlotte Brontë, corte y planta de la Villa Capra, Agatha Christie, Alejandro Dumas y un grabado de una calculadora con la información de soporte del aparato.
  • Los anuncios estarán orientados (geográficamente, por edades, por hábitos de consumo de libros, etc.), por lo que en un principio los anuncios serán “relevantes” para el consumidor. Aunque lo de la relevancia en la publicidad online es un invento de los expertos en marketing online para vender más espacios publicitarios, sí que puede dar juego: alguien que haya comprado mayoritariamente literatura francesa podrá ver anuncios de paquetes de vacaciones a París.

Las críticas no tardaron en llegar y, como casi todo lo que tiene que ver con libros electrónicos, no sin cierta polémica. Las primeras críticas trataban sobre la propia presencia de publicidad en los libros (electrónicos o no). Pero la publicidad en los libros no es un invento nuevo. De hecho, en los años 70 del siglo pasado, ciertos libros de bolsillo —formato que vivía un nuevo boom— servían como soporte publicitario.

Después el tema pasó a ser si los 25 dólares de descuento acaso no era poco dinero a cambio de convertirse en destinatario de anuncios durante toda la vida útil del dispositivo. Este debate es muy subjetivo. Para algunos será un descuento suficiente para algunos, otros han vaticinado ya que el Kindle llegará inlcuso a ser gratis en algún momento, como ocurrió con los teléfonos móviles.

Yo lo compré en febrero a su precio actual de 139$, al cambio y añadiéndole los gastos de envío, poco más de 140 euros. Ese precio me pareció correcto. En estos dos meses han sido muchas las horas de lectura de las que he disfrutado con el aparato entre libros y artículos de prensa y blogs con Instapaper, así que yo lo doy por amortizado. Si esos 140€ me parecían un precio adecuado para el servicio que presta el objeto, aceptaría la posibilidad de comprarlo 17 euros más barato. Lo de la publicidad no es un obstáculo. Vivimos rodeados de publicidad, y eso nos ha hecho ciegos a determinado tipo de publicidad. Cada día vemos en internet banners de todo tipo de juegos, sitios de ofertas, de sitios de citas, de los que seríamos incapaces de recordar sus nombres; muchas veces podemos recordar los anuncios de televisión, sus canciones, sus frases y eslóganes, pero no podemos asociarla con qué producto anunciaban. Si en estos dos meses no he sentido tentación de leer ni a Virgina Wolf, ni a Verne, ni a Steinbeck, ni de comprar un sextante, ni de añadir un león a la decoración de mi despacho, ¿por qué me iba a importar que estos sean sustituidos por anuncios a los que tampoco haré caso? Si quiero leer a Mark Twain será por otros motivos, no porque un aparato me lo diga.

Unos días después de aparecer la noticia de la incorporación de publicidad en el Kindle, recibí el nuevo número de Eñe, la revista literaria. Como cada número, se trata de un ejemplar temático, con relatos (y poesía, de Luis García Montero) sobre bares y que están recogidos bajo el título general “Un gin tonic, por favor”, aunque en el avance del número anterior aparecía anunciado como “Dry Martini”.

Eñe, como cualquier revista (incluidas las literarias), cuenta con publicidad para financiarse. Básicamente los anuncios pertenecen a estas categorías: fundaciones y obras sociales de bancos y cajas, artículos de consumo de semilujo (relojes, perfumes, coches) y grandes corporaciones. Esos anuncios, cabe decirlo, nunca aparecen en medio de las obras literarias, sino antes y después del bloque destinado a las obras de ficción, que es el principal atractivo de la revista.

Abrí la revista y en la contraportada aparecía un anuncio de una exposición del Guggenheim Bilbao, pasando página, un anuncio a doble página de un libro editado por la Fundación Telefónica, un anuncio a doble página de Iberdrola, un anuncio a doble página de la ginebra Bombay Sapphire,… ¡Un momento! Un anuncio de ginebra, en una revista que lleva por título “Un gin tonic, por favor”. Interesante, pero pasemos página. Tras el sumario, un anuncio de un reloj, habitual en cada número, pasamos la página y encontramos un anuncio a doble página de Beefeter 24, y unas páginas más adelante, uno de tónica Fever-Tree (claro, faltaba la tónica). Si seguimos avanzando, veremos un anuncio de la coctelería madrileña Belmondo y, antes de llegar al final de la revista, encontraremos un anuncio a doble página de otra ginebra, Nº3 London Dry Gin. De hecho, pensándolo bien, el cambio del título “Dry Martini” a “Un gin tonic, por favor” (de mencionar una marca sin recibir compesación a conseguir cinco anuncios) no puede ser casualidad. No me extrañaría que en próximos números encontremos números temáticos dedicados al automóvil o destinos turísticos.

Ya lo he dicho, no me molesta la publicidad. De hecho, si gracias a la publicidad, una revista como Eñe puede seguir existiendo, bienvenida sea. Y si gracias a ella, alguien tiene más fácil acceder a un dispositivo de lectura, me parece estupendo.

Se abren comillas

16 febrero, 2011 | En Literatura | 4 comentarios

Tengo un libro electrónico (no me gusta lo de lector electrónico o ereader, el lector soy yo) después de mucho meditar su compra. Es un Kindle de Amazon, y el aparato en apenas unos días se ha convertido para mi ya en algo tan imprescindible como mis gafas.

Por enumerar algunas de sus virtudes, sólo por la posibilidad de cambiar el tamaño de la fuente y el interlineado ya merece la pena. Pero si una característica sobresale del resto en mi opinión es la del subrayado. Subrayar una frase o un párrafo no sólo es fácil (se hace con un pequeño cursor), sino que el texto subrayado se añade además a un archivo de texto fácilmente exportable y editable, convertido en una cita. Por eso revive este blog, porque ahora gracias a mi Kindle y a un servicio como Instapaper (un agregador de enlaces que los convierte automáticamente en una especie de revista, ideal para leer textos extensos publicados en internet) puedo citar fácilmente lo que me llama la atención de lo que leo.

Y para empezar, qué mejor que hacerlo que comentando un texto sobre la experiencia de otro usuario de este mismo modelo de libro electrónico, Ramón González Férriz, que cuenta en Letras Libres sus primeros 40 días con un Kindle. Y empezamos por lo que resume perfectamente lo que tanto González Férriz como yo pensamos:

Leer un libro electrónico en un lector de libros electrónicos es nada más y nada menos que leer un libro.

Yo añado que, dependiendo del libro, es incluso más. Hace unos meses compré Grandes esperanzas de Charles Dickens, en la edición en inglés de Penguin Popular Classics, muy barata, sí, pero con un tamaño de letra que, para mí, lector de los minutos —a veces, horas— previos al sueño, suponía todo un reto que no iba a superar, motivo por el que el libro ha sido adelantado en mi columna de pendientes por otros libros más “cómodos”. Ahora, descargado de Project Gutenberg, ya está en mi libro electrónico y cuando termine de leer todo Sherlock Holmes, que es lo que me ocupa ahora mismo, le hincaré el diente. Y esto abre el camino para otros libros que ni siquiera había comprado por motivos similares.

En cuanto al acto físico de leer, a González Férriz le sorprende cuán parecido es a leer un libro impreso:

al cabo de unas pocas horas de usarlo ya me había dado cuenta de algo: para mi sorpresa, el acto de leer en él es increíblemente parecido, física y mentalmente, a leer un libro de papel: la inclinación de la cabeza, el movimiento de los ojos, los gestos de las manos para sostenerlo y pasar página, la postura del tronco y las piernas; el tipo de concentración: todo es muy, muy parecido a leer un libro encuadernado

El que el libro electrónico funcione con tinta electrónica y no una pantalla de LCD que emite luz, como las tablets, es un factor importante para ayudar en esta magnífica experiencia de usuario. Y yo añadiría otro factor más: el tacto. Aunque existen fundas protectoras, no creo que sea un complemento imprescindible, y la textura del material con el que está fabricado el Kindle, un material muy suave y agradable, lo aleja del plástico habitual en los gadgets.

¿Voy a dejar de comprar libros en papel? No. De hecho, la misma mañana que recibí el aparato, realicé una compra de cinco libros a Iberlibro. Entiendo a Gomzález Férriz cuando dice “me encanta mi cultura del papel impreso y me encanta la tecnología que va a acabar con ella, o al menos a marginarla”, pero también me gustaría que los libros dejaran de invadir físicamente mi espacio vital, como está sucediendo. Ramón González Férriz lo ve más claro:

sí creo que los libros electrónicos pueden acabar con los libros de papel, porque sirven exactamente para lo mismo, pero sirven mejor,

En que sirven mejor, sí que estoy de acuerdo. Y los editores se quejan (los de aquí, los de allí ya le empiezan a ver el lado bueno al negocio), también los monjes copistas se echaron las manos a la tonsura con la llegada de la imprenta, pero como bien dice en su artículo González Férriz, “la cultura es tecnología”, y eso no se puede negar.

Enrique Morente y Lagartija Nick – Omega en directo (Espárrago Rock 1998 y FIB 2008)

17 diciembre, 2010 | En Música | 2 comentarios

Interior Noche despierta del letargo en el que lleva sumido un tiempo, y lo hace para sumarse a los homenajes al maestro Enrique Morente, que nos dejaba esta semana. No soy un apasionado del flamenco, ni siquiera llego a distinguir los diferentes palos, y sólo he escuchado flamenco cuando sus intérpretes han coqueteado con otros géneros de música popular.

Ese fue el caso con Morente. Su disco junto a Lagartija Nick, Omega, trazaba una línea recta entre el Federico García Lorca de Poeta en Nueva York y la música de Leonard Coen, y lo hacía sin concesiones, desde el flamenco y desde el rock, sin que ninguno de los dos estilos tuviera que ceder su espacio al otro dentro del disco. Un disco de cante sentido, pero también de guitarras distorsionadas y potentes, una batería potente e inmensa, pero cuyos sonidos formaban los ritmos propios de la bulería o la seguiriya.

Omega, aunque es un disco todavía desconocido para el gran público, forma parte de la historia de la música española. Tras su lanzamiento, Morente y Lagartija Nick interpretaron Omega en directo, acercando la experiencia a lugares y a públicos tan poco cercanos al flamenco como el de los festivales de rock. De esa primera etapa, traemos el concierto en el desparecido festival Espárrago Rock de 1998. Hace dos años, con motivo de la reedición del disco en formato digital, el cantaor y el grupo granadino volvieron a unirse para presentar Omega en directo, en una gira que presentaron en el Primavera Sound y que les llevó a escenarios como el de La Mar de músicas en Cartagena o el mismísimo Festival de Benicassim. Esa grabación es precisamente la segunda que os traigo, con dos partes, la primera del repertorio flamenco de Morente, para después compartir escenario con Lagartija Nick, y la aparición especial de su hija Estrella Morente en “Manhattan”, volviendo al disco en el que debutó en el 96. Dos grabaciones históricas que espero que disfrutéis.

Enrique Morente y Lagartija Nick, Omega en directo (mp3)

Enrique Morente y Lagartija Nick – Directo en el Espárrago Rock, 1998:
1. El pastor bobo
2. La aurora de Nueva York
3. Omega
4. Aleluya
5. Ciudad sin sueño
6. Vuelta de paseo
7. El maldito calderero
8. Celeste

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Enrique Morente y Lagartija Nick, Omega en el FIB 2008

FIB 2008:
CD1
1. Fandangos
2. A dibujar esa rosa (alegrías)
3. Adiós, Málaga
4. Seguriya
5. Tienes la cara
6. Yo ya no soy el que era
7. Tangos

CD2
1. El pastor bobo
2. Omega
3. Aleluya
4. Manhattan
5. Vuelta de paseo
6. Ciudad sin sueño
7. Pequeño vals vienés

Descargar CD1
Descargar CD2

Actualización 23/12/2010:
He cambiado los enlaces para asegurar que permanecen activos más tiempo. Si desaparecieran, avisad a través de los archivos. Gracias.

Cosas que pasan cuando pasa un coche

18 noviembre, 2010 | En Diseño/Arte | No hay comentarios

El coche de Google StreetView, con sus nueve ojos mirando hacia todas partes al mismo tiempo, todo lo ve. Y Jon Rafman pone su propio par de ojos a nuestra disposición para desvelarnos las imágnes curiosas, hermosas o aquellas que ni el mejor fotoperiodista podría haber conseguido.

9 eyes

Nace sustoymuerte.com, blog de cine de terror

2 noviembre, 2010 | En Cine, Televisión | Un comentario

Si el blog ha estado parado estos días es porque he estado preparando el lanzamiento de un nueva web sobre cine de terror. Su nombre, Susto y muerte, y en ella se dará un completo repaso a las novedades del cine de terror tanto en cine como en televisión, así como lanzamientos en DVD y Blu-Ray.

sustoymuerte.com, nuevo blog de cine de terror

Si sois aficionados al género, no dudéis en visitar habitualmente sustoymuerte.com para estar informados.



El SrLansky madmenizado de la cabecera está viendo en un bucle perfecto Blade Runner, The Life Aquatic of Steve Zissou, Galaxy 500, Eva al desnudo, Belle & Sebastian, Wild Flag, Rojo profundo, el glorioso baile de Simple Men, Lo que el viento se llevó, Pet Shop Boys, La noche de los muertos vivientes, Morvern Callar, La noche del cazador, The Pains of Being Pure At Heart, Jeffrey Eugenides, Encuentros en la tercera fase, Mi vecino Totoro, el Dracula de 1958 de Terence Fisher, The XX, Jorge Luis Borges, Amanecer (la de Murnau, por supuesto), Boarding Gate, Andrei Tarkovsky, Brigadoon y Twin Peaks.