VOLVER A LEER

Estoy volviendo a leer, y mucho. Y a comprar libros, mucho bolsillo y mucha segunda mano, aunque en realidad, siempre que he comprado ha sido edición de bolsillo o libro usado. Mi última fiebre lectora fue hace unos años, en los que encadené demasiados buenos libros, Las asombrosas aventuras de Cavalier y Klay de Michael Chabon, Middlesex de Jeffrey Eugenides, los artículos de Houellebecq, Desde mi cielo de Alice Sebold, casi todo Palahniuk… Imagino que al primer mal libro de esta racha, sentí que me merecía un descanso, un momento para tomar aire. Desde entonces hasta ahora he leído, claro. Y he seguido comprando libros, claro, pero no con esa ansia con la que libros de setecientas páginas terminan en tres días. Y de repente algo cambia, porque de repente leo La fortaleza de la soledad, de Jonathan Lethem, libro que podría ser mejor, pero al que cambiarle una coma sería delito. Y todo se desencadena. Me topo con libros que estaban en las librerías pero que yo no había visto. Me doy cuenta de que no he leído a Rodrigo Fresán ni a Roberto Bolaño. Me entero de que existe Javier Calvo. Y mi ansia lectora va creciendo y según voy descubriendo cosas nuevas más me ilusiono. Me apetece leer y me apetece leer sobre lo que leo, e incluso escribir sobre lo que leo. Y es que me resulta inevitable asociar lectura a felicidad. Soy así, qué le vamos a hacer.
Sé que esta racha acabará, es inevitable, cuando me tope con algún libro que me disguste. Pero de momento no tengo intención de parar. Y menos, ahora que gracias a Iberlibro y, sobre todo, a Abebooks (el primo americano de aquél) y a sus precios económicos en libros usados, tendré ocasión de ampliar mi biblioteca, ahora que los libros me duran tan poco, o para que cuando en el futuro reanude mis lecturas compulsivas, tener un fondo de estantería arreglado.

Este es el primer post que publico sin imágnes. Me da miedo hasta a mí.

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