Yankee Hotel Foxtrot es el título de un disco de la banda americana Wilco. Seguramente el mejor de sus discos, e indudablemente el más arriesgado, ya que partiendo del alt country, o folk rock alternativo, el disco va navegando hacia la experimentación sonora de una manera sutil y arrebatadora. Casi al final del disco se encuentra el tema Poor Places, que acaba con un extraño sonido repetido de lo que parece ser una niña repitiendo las palabras “Yankee Hotel Foxtrot” en una voz impersonal y casi sintética. (Podéis escuchar el mp3 de la canción aquí:
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Estas tres palabras, que corresponden al alfabeto internacional de la OTAN para las letras “YHF”, dieron título al disco. Nunca me había preguntado por el origen de ese fragmento. Pero de casualidad di con el origen, y es más que interesante.
Fue leyendo un reportaje publicado en el
Washington Post en 2004 que es de lo mejor que he leído últimamente. Se trata de un artículo de
David Segal sobre
Akin Fernández llamado
“The Shortwave and the Calling” (La onda corta y la llamada) y, curiosamente lo leí en el volumen de 2005 de
Da Capo Best Music Writing, el para mí indispensable repaso anual al periodismo musical americano. Sin embargo, el artículo sólo tiene una relación tangencial con la música, al menos en apariencia.
Resumo el artículo: en 1992 Akin Fernández compró una radio de onda corta, que es el tipo de radio que se utiliza para captar emisoras internacionales. Fernández, contento con su juguete nuevo, se dedicaba a mover el dial buscando emisiones cuando se topó con una enigmática emisión: la lectura de unos números de manera aleatoria por una voz impersonal, casi robótica. Le fascinó pero no le dio más importancia hasta que poco después descubrió otra emisión similar, en otra frecuencia, en otro idioma. También las había que emitían código morse, otras que eran secuencias de letras, en alfabetos tradicionales. A veces las emisiones venían precedidas por música, otras veces por mensajes. Igual para el cierre. Duraban unos pocos minutos y desaparecían. Parecía ser que esas emisiones eran algo habitual, pero nadie sabía qué eran. Akin Fernandez contactó con otros usuarios de onda corta, con revistas especializadas y descubrió que nadie sabía exactamente sobre su origen, aunque todo parecía indicar que se trataba de mensajes relacionados con redes de espionaje.
Efectivamente nada que ver con la música. Excepto por el hecho de que Akin Fernández tenía una discográfica llamada
Irdial, una pequeña discográfica dedicada a la música electrónica experimental. Entonces comenzó el llamado
Proyecto Conet, llamado así por la palabra que a veces aparecía al final de esos mensajes (en realidad una mala transcripción de
konec que significa “fin” en checo). Fernández, con la colaboración de otros entusiastas de las “emisoras de números”, como son llamadas por los seguidores, fue recopilando grabaciones de todo el mundo, que recogió en cuádruple CD
The Conet Project que lanzó en edición limitada a través de su sello. El total de la obra, incluyendo un libreto con información sobre las grabaciones, se puede descargar de manera gratuita, al igual que el resto del catálogo de Irdial, en
irdial.hyperreal.org. Puedo asegurar que la escucha de estos cuatro discos es toda una experiencia sonora, desconcertante como pocas cosas que yo haya podido oír, y he oído cosas que vostros no creeríais (citando a Roy Batty) e incluso cosas que harían vomitar a una cabra (citando al coronel Trautman). Considerarlo música, como ocurre con casi cualquier pieza de arte contemporáneo, corresponde decidirlo a quien escucha. Y como entiendo que tragarse los cuatro discos no sería plato de gusto de la gran mayoría, podéis escuchar aquí el fragmento en el que aparece el “Yankee Hotel Foxtrot” que utilizaron Wilco.
http://www.divshare.com/flash/playlist?myId=5107851-5e0
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