Cine y tiempo (libre)

Nader y Simin, una separación

Andrei Tarkovsky consideraba el cine como el arte de esculpir en el tiempo. Para muchos aficionados al cine, sin embargo, el tiempo es la mayor de nuestras limitaciones. Al menos lo es en mi caso. Son pocos los momentos del día (más bien de la noche) que quedan para ver alguna película. O al menos parte de una, porque pocas son las películas que he visto enteras de tirónen los últimos años. Y ese es un gran motivo por el que las series, que aceptan mejor un visionado fragmentado, además de por la asombrosa calidad de algunas de ellas, han ocupado ese tiempo. ¿Qué hacer con ese tiempo que queda para el cine? ¿Qué películas elegir? ¿Qué criterio seguir?

Mejor déjà-vu que jamais-vu
Qué le voy a hacer si solo el olor de rollito de primavera me da ganas de ver Golpe en la Pequeña China. Y eso en el mejor de los casos, porque para volver a ver las tres películas de Regreso al futuro ni siquiera me hacen falta motivos.  Lo mismo puedo decir de James Bond o casi todo el cine americano de los años 30 y 40 que ya he visto. ¿Cómo puede competir la incertidumbre contra un par de horas de entretenimiento asegurado?

Productos de contrastada solvencia
Las marcas en general me suelen decir muy poco. Pero en cuestión de cine, hay ciertos nombres que han conseguido llevar un paso más allá la pasión del cinéfilo. No es lo mismo El ángel exterminador que El ángel exterminador de Criterion. Lo mismo se puede decir de Arrow Video para el terror y los exploitations. Son ediciones con una calidad excepcional, y además tienen un estupendo criterio (ahí he estado fino, ¿eh?) editorial. De la misma manera, hay nombres que también funcionan como marca: no se puede hacer ascos a un Marvin LeRoy,  a un Fritz Lang, o a un Kurosawa.

En estos momentos me esperan una pila de Criterions de Ozu, tres Satyajit Ray que todavía no he visto de Artificial Eye, Tenebrae de Argento con comentarios de Kim Newman, un par de miniseries de la BBC policiales y de espías de los 70 y los 80, y casi todas las películas de una caja de 21 DVDs de la Hammer. Con todo eso pendiente, querer aventurarse con una película que solo tiene como mérito salir en las listas de lo mejor del año pasado de un puñado de críticos no parece ni siquiera razonable.

Y sin embargo… 
De vez en cuando surge un impulso de ver alguna de esas películas de las que críticos y bloggers de cine hablan. No con desconfianza, porque a pesar de lo que pueda parecer, no soy un espectador prejuicioso. En los últimos días he visto Anticristo y Melancolía de Lars Von Trier, Carlos de Olivier Assayas, Bridesmaids de Paul Feig,  Super 8 de JJ Abrams y Nader y Simin, una separación de Asghar Farhadi. Se podría decir que he ido a lo seguro, ya que estas películas han ocupado

Sobre las dos últimas películas de Lars Von Trier, me extenderé más (bastante más, aviso) en breve, pero puedo avanzar que me han impresionado, sobre todo Anticristo. Carlos, vista en su formato de miniserie, es tremenda. Este relato de tono épico sobre un loser con aspiraciones de estrella atrapa, e incluso parece difícil que pueda reducirse sin perder la eficacia, sobre todo de la parte central del asalto a la cumbre de la OPEP. Bridesmaids es la única que no me ha terminado de gustar. Le reconozco muchos méritos a la película y tiene momentos francamente divertidos, pero Appatow y sus satélites deberían saber que las comedias de más de 100 minutos de duración están reservadas para muy pocos. Super 8 es fantástica. Un homenaje a un tipo de cine, el blockbuster familiar de los 80, que no requiere de artificios ni reflexiones post-modernas ni miradas irónicas para justificarse. Nader y Simin, una separación merece un párrafo aparte.

Siempre he considerado vacío un determinado cine de ideas. Aquel cine que solo se interesa por transmitir su mensaje, vacío de forma y de contenido. Un cine que ha escurrido el bulto como denuncia social cuando sus obras no eran más que apáticos monumentos al ego de sus creadores. Imaginaba que Una separación sería una de esas películas. No podía estar más equivocado. La herramienta más sólida con la que cuenta la película de Asghar Farhadi es su guión. Una estructura muy elaborada con una gran atención a los más pequeños detalles. Con más raíces en el neorrealismo italiano de los 50 que en el cine iraní de los noventa, Nader y Simin, una separación la trama tiene menos que ver con la separación que da título a la película (aunque finalmente todo acaba volviendo a ella) que con cómo los personajes utilizan las mentiras, las verdades omitidas y las medias verdades para justificar su posición ante los demás personajes. Posiciones injustificables a medida que pequeños acontecimientos les va arrastrando poco a poco a ser quienes no quieren ser.

Nader y Simin, una separación es un ejemplo de que en ocasiones el consenso crítico (casi universal en el caso de esta película) es acertado. Y que hay películas contemporáneas que merecen la pena un hueco entre Ozus y Rays.

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