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Elemental, querido Andi Watson

Hace cuatro años, recomendaba en el blog a un autor británico de comics llamado Andi Watson, del que había leído un comic online en la ya desaparecida revista digital artbomb.net, podéis leer la entrada original aquí. Entonces Andi Watson era un autor poco conocido y todavía inédito en España, situación que yo pensaba que no cambiaría. Poco después leía su peculiar serie Love Fights y la sensación de que nos estábamos perdiendo a un autor fundamental fue creciendo. Y han pasado cuatro años y no es que Andi Watson siga inédito, al contrario, en estos años se ha ido publicando prácticamente todo de este autor. Es más, hace poco, la editorial  Norma, que fue de las primeras en publicar su trabajo en español ha sacado a la venta un pack con tres de sus obras a un precio con el que es pecado no hacerse con ellas. Pero hay que darse prisa, que estas ofertas vuelan y Norma ya no tiene más stock de ellas.

Peleas de enamorados (Love Fights)
Cuando mi mujer comenzó a leer Peleas de enamorados, lo primero que me dijo fue: “Esto es un cómic de chicas”. Yo me acordé de una de mis canciones favoritas, “Music For Girls” de Baxendale, una canción de techno-pop y sobre techno-pop que básicamente dice que si esto es música para chicas, ojalá toda la música fuera así. Pues eso pienso yo de este cómic. Peleas de enamorados es, aunque no lo parezca un tebeo de superhéroes. En un mundo en el que existe los superhéroes las cosas son bastante distintas: las peleas superheróicas suponen calles cortadas y desperfectos, los superhéroes son estrellas mediáticas y existe una prensa del corazón centrada en estos personajes (y con quién se acuestan y con quién se levantan, ya sabéis), y los cómics de superhéroes son herramientas de marketing cuya finalidad es “mejorar” la imagen de estos personajes. Peleas de enamorados tiene como protagonistas a la becaria de una de esas revistas del corazón y a un dibujante de cómics cuya relación se verá afectada por ese peculiar mundo en el que viven.

Sed de noticias (Slow News Day)
De las tres obras de Andi Watson que reseño aquí, sin duda este es el que por su temática me resulta más cercano. Y es que Sed de noticias tiene como escenario la redacción de un periódico local de un pueblo. Plenos municipales, equipos de fútbol juveniles, noticias de las asociaciones vecinales, artículos comerciales sobre los anunciantes, un director gilipollas que se cree que dirige el New York Times… Para quien ha vivido eso de primera mano, tiene bastante gracia que sea objeto de una obra de ficción. La sutileza del guión de Sed de noticias además, hace que estemos leyendo mucho más de lo que hay realmente dibujado en la página. Absolutamente recomendable.

Geisha
De nuevo con este cómic, Andi Watson vuelve a combinar un argumento de corte intimista con un ambiente de género. Si en Peleas de enamorados eran los superhéroes, en Geisha el transfondo de la historia tiene relación con la ciencia ficción. Una pintora tiene que luchar contra las críticas negativas, contra un ambiente hostil y para ganarse el respeto de su padre. ¿Que qué tiene esto que ver con la ciencia ficción? Pues que la pintora protagonista es una androide. Geisha tiene acción, tiene humor, tiene un trasfondo inspirado en Phillip K. Dick. Una historia muy entretenida.

Norma Editorial ha editado también Estrellitas, una historia sobre la paternidad primeriza y, actualmente es Astiberri quien está publicando las obras de Andi Watson en España, y de momento ha publicado Abandonos y Desayuno por la tarde.

Mister Wonderful, de Daniel Clowes en español

Daniel Clowes forma parte ya de un reducido (reducidísimo) espectro de autores de cómic que han traspasado esa barrera imaginaria pero infranqueable que separa la popularidad entre los aficionados al cómic y la popularidad dentro del ámbito cultural. Vamos, que son muchos los no-lectores de cómics que cuentan en sus estanterías con un ejemplar de Ghost World (seguramente su obra más conocida), y esto en el mundo del cómic tiene mucho mérito.

Tanto que su última obra, una historia corta llamada Mister Wonderful apareció publicada como serial en las páginas del New York Times Magazine, el suplemento del periódico más prestigioso del mundo, entre septiembre de 2007 y febrero de 2008 a razón de una página por semana. La historia es puro Clowes: Marshall, un hombre de mediana edad que todavía no ha superado su traumático divorcio, se enfrenta a una cita a ciegas con Natalie. Los acontecimientos de esa noche se irán complicando de manera que ambos acabarán mostrando lo mejor y lo peor de si mismos. Este cómic de tan solo 20 páginas le hizo valedor del prestigioso Premio Eisner 2008 a la mejor historia corta.

New York Times tuvo la deferencia de publicar también Mister Wonderful en su versión online para disfrute de todo el mundo. Todavía no se sabe nada de si será publicado de manera íntegra y, mucho menos, si llegará a España. De momento, para quien le pueda interesar, el cómic está disponible en español aquí mismo:


Descargar Mister Wonderful, de Daniel Clowes en español.

Lapinot: Blacktown, de Lewis Trondheim en español


Al guionista y dibujante francés de cómics Lewis Trondheim se hace difícil seguirle la pista. Primero, porque es extremadamente prolífico (qué se puede decir de alguien que incluso ha hecho un cómic sobre su propia crisis creativa) y porque su obra traducida al español está dispersa por distintas editoriales y, lo que es más curioso todavía, dejando inéditas algunas obras bastante importantes, como es el caso que nos ocupa: Blacktown. La editorial Planeta, dentro de su Colección BD, comenzó a publicar todos los álbumes protagonizados por Lapinot, una de las mejores invenciones de Trondheim y que se ha convertido ya en uno de los personajes más populares de la bande-dessinée de los últimos años, que en Francia editó Dargaud. Comenzaron con Slaloms, que tradicionalmente se encuentra fuera de la numeración ya que es la versión redibujada y coloreada de un álbum originalmente editado por L’Association, el colectivo-editorial formado por artistas del comic independiente francés. Sin embargo, el siguiente en la edición española fue Coscorrones (Pichenettes), saltándose el western Blacktown, amparados por la ausencia de linealidad entre cada uno de los álbumes, lo que hizo pensar que podría ser editado en cualquier momento. Sin embargo Planeta ha editado todos los álbumes, excepto este, alejando la posibilidad de que los lectores españoles puedan disfrutar de este brillante y divertido cómic.

En el cambiante universo de Lapinot, el peculiar conejo es la estrella de un peculiar western, una del oeste en la que en la que pocos tópicos quedan por tocar y en la que a todos ellos se les da una vuelta. Esta vez Lapinot es un forastero que, huyendo de los miembros de una banda que le persiguen por haber matado a su jefe, llega a la localidad que da título a la obra, Blacktown, que se ve convulsionada, no por la llegada del forastero, sino porque parece ser que se ha encontrado oro en el pueblo. Para los que conozcan al personaje (y a su creador), Blacktown contiene todas las características esenciales: los vaivenes entre el humor absurdo, casi infantil, y la sátira cruel que deja en evidencia nuestros impulsos más básicos. Hay dos temas principales en este comic: la avaricia y la violencia, dos males que están intrínsecamente unidos, ya que se complementan y se retroalimentan. Pero quizás lo más destacado de Blacktown es que los temas no son en absoluto cuestiones abstractas, al contrario. La xenofobia, el papel de la ley como instrumento de los poderes políticos, el panfletarismo de algunos discursos intelectuales… Lo que ocurre en esta ciudad del Oeste americano no es en absoluto ajeno a nuestra realidad, y eso hace que Lapinot se disfrute el doble.

Para todos los aficionados a Lapinot, a Lewis Trondheim y a todos los aficionados al buen cómic en general, les presento la edición apócrifa española de Blacktown, en la que yo mismo me he encargado de la traducción y Androide Paranoide (al que doy las gracias por haberme introducido en el peculiar mundo este personaje) de la maquetación. Esta versión ha sido realizada como parte de los fastos del quinto aniversario del imprescindible foro CRG.

La traducción se encuentra en la sección Europeo/Underground/Latinoamericano de CRG, o si lo preferís, podéis descargarlo aquí. El archivo se encuentra en formato CBR. Para abrirlo, lo mejor es un programa como este: CDisplayEx.

El intercambio y los fetiches

A la manera del pintor Orbaneja para dejárselo bien claro a la SGAE.

Quizás este título arrastre a esta entrada a muchos lectores despistados pensando que se va a hablar aquí de cuestiones sexuales. Nada más lejos. O no. En realidad lo que estoy haciendo es utilizar dos eufemismos para evitar dos expresiones que me molestan especialmente, como son la piratería y la expresión “producto cultural”.
Ya está bien de criminalizar a los usuarios de redes P2P. Hace poco lo dejó bien patente la Comisión Europea, siendo tajantes al considerar “esencial velar por un acceso sin obstáculos a los contenidos culturales en línea (…), por encima de una lógica puramente económica y comercial”. Apúntenme en la lista de voluntarios para tatuar esta frase en las frentes de Luis Cobos, MiniRamón (o Ramoncín) y Teddy El Bautista. La piratería como tal en su propia definición incluye palabras robo, daño, y no creo que se esta la inteción de ninguno de los usuarios de los programas de intercambio de archivos. Me gusta pensar en lo que hacemos con el Emule o uTorrent como intercambio, ya que no crea que sea muy distinto a lo que hacíamos hace años al dejarnos comics, libros o películas, o al grabarnos cintas unos a otros.
Y para los que crean que no es lo mismo porque no existe el componente, solo les recomiendo una visita a sitios como TusSeries, que está haciendo más por la ficción televisiva que todos los canales de televisión españoles juntos; Allzine, cuya seriedad a la hora de compartir cine asiático de todos los tiempos ha conseguido a los aficionados al cine unos conocimientos que hasta hace muy poco no eran más que oscuras referencias en libros; pero sobre todo pienso en Comic Release Group. También conocido por sus siglas, CRG, el trabajo de este grupo de aficionados al comic de uno y otro lado del Atlántico, desde su creación está suponiendo un trabajo de catalogación y digitalización del comic cuyo trabajo debería servir de ejemplo a la Biblioteca Nacional. Históricas revistas españolas de comic, como Totem, Cairo o Cimoc han sido puestas a través de este foro a la disposición de cualquier aficionado, así como ingente material descatalogado que gracias a coleccionistas dispuestos a compartir sus colecciones dedican no poco trabajo a digitalizar obras maestras olvidadas de la historieta. Y los que piensen que si hacen lo mismo con productos recientes, están perjudicando a los autores y editores de comic, sólo les puedo decir una cosa: ¿cuándo se ha dispuesto de un mejor escaparate que un foro con miles de usuarios para una obra?
Por eso decía que no me gusta la expresión producto cultural. Y no es por la expresión en sí, sino por los que la utilizan. Los dos filos de esa expresión son igualmente peligros, el primero tiene que ver con que un producto no es otra cosa que algo que se crea para comerciar con él. Y el segundo es que en boca de políticos y otros amantes de la subvención, significa algo que debe ser protegido (y si esa protección tiene forma de cheque firmado por un ministerio, mejor). Soy de la opinión que en realidad todos los que compramos discos, libros, comics o dvds lo hacemos porque somos unos fetichistas. Es algo que nos lleva a actuar en las tiendas y librerías como seres básicos movidos por los reclamos de un nombre, una portada, una imagen. Todas las rabietas de la SGAE tienen que ver con que algo, ese fetichismo, se está convirtiendo en algo minoritario y que su mayor deseo, convertir un disco, un libro o una película en un mero objeto de consumo, se ha convertido en su mayor pesadilla, ya que como todo objeto de consumo está sujeto a unas reglás muy básicas, como que si algo se puede conseguir gratis, por qué pagar. Un consumidor se rige por este razonamiento, un fetichista está dispuesto a pagar un precio elevado por algo que él cree que lo vale.