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Homenaje a Carlos Monsiváis

Emocionante y divertido el homenaje al recientemente fallecido periodista y escritor mexicano Carlos Monsiváis que realiza el también mexicano Juan Villoro en la revista Letras Libres.

Monsiváis es una figura poco conocida en España, pero imprescindible para entender la cultura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX.

Desde muy pronto dejó de ser un mero testigo de los hechos para incorporarse a ellos como protagonista indirecto. Era demasiado célebre para pasar inadvertido. Su cabellera revuelta, su chamarra de mezclilla, su gran mandíbula cruzada por la sonrisa de quien aún no sabe qué pensar (o ya sabe pero prefiere no decirlo), determinaban el acontecer. El icono estaba ahí. Ignorarlo era como no advertir que ya llegó Blue Demon. Al verlo, los cantantes alteraban su repertorio y los ponentes sus citas. Con frecuencia, le pedían que subiera al estrado. No podía ser un cronista neutro de la realidad porque contribuía a crearla. La cultura de masas lo imitó y posó sin recato para él.

El particular obituario escrito por Villoro no falta alguna anécdota del

En 2009, en el Festival Hay de Cartagena de Indias, un norteamericano se dirigió a él con una mezcla de interés e insolencia: “Me gustó lo que dijo, pero nadie me puede decir quién es usted, ¿podría recomendarme alguno de sus libros?” Monsiváis fingió paciencia franciscana y contestó: “Me limitaré a dos: El llano en llamas y Pedro Páramo. Algunos maledicientes dicen que no los escribí yo, pero nunca les respondo a mis detractores.”

El texto completo del obituario de Carlos Monsiváis en la edición digital de Letras Libres.

Actualización (09-Jul-2010):
El homenaje se completa con dos textos del propio Monsiváis sobre el movimiento estudiantil del 68, una reflexión de Luis Felipe Fabre sobre su relación con la poesía, y otras dos semblanzas, por Armando González Torres y Julio Trujillo.

Perdido en los libros

marcapaginasQuien haya sido alguna vez comprador de libros usados, habrá encontrado entre sus páginas diversos tipos de marcapáginas. La verdad es que lo más habitual es encontrar objetos que se usan como marcapáginas: entradas de cine, folletos publicitarios, tickets de la compra. Cualquier papel nos sirve.

Ya hablé una vez de mi mejor hallazgo personal: una carta (un cinco de corazones) de una baraja de un casino de Las Vegas. A raíz de esa entrada, un lector anónimo me apuntó una web dedicada a glosar este tipo de objetos, Las Otras Historias. Y ahora aprovecho para dar una más, esta obra de un librero por cuyas manos pasan muchos libros antiguos, muchos de los cuales contienen en su interior todo tipo de marcapáginas improvisados.

El blog se llama Forgotten Bookmarks, convenientemente catalogado. Encontramos categorías como publicidad, dinero, fotos, postales, recetas, entradas, dibujos, etc. Y siempre, acompañados por fotos.

Roland Barthes reseña “Pac-Man” y otras visiones alternativas del pasado

La casualidad ha querido que  justo en el momento en el que estoy leyendo Fragmentos de un discurso amoroso del semiólogo francés Roland Barthes, en la siempre interesante web de McSweeney’s, me encuentro con este brillante texto: “Roland Barthes reseña Pac-Man”.

Paradójicamente, cada nivel se presenta como el único nivel: el único nivel que existe y el único que existirá. Ninguno reconoce el anterior o el siguiente, enmascarando la linealidad de la narrativa. Pac-Man y la Sra.  Pac-Man nos dicen que no hay escapatoria: huyen por la izquierda de la pantalla, y reemergen, milagrosamente, por la derecha de la pantalla. Jr. Pac-Man promete una nueva clase de movilidad, permitiéndonos movernos hacia delante y hacia atrás entre pantallas, y aún así él también encontrará un límite.

La ironía se revela a sí misma: los fantasmas, no importa cuántas veces sean capturados, reemergerán, pero nuestro Pac-Man expirará inevitablemente.

Pura casualidad, vía Kottke, descubrí el proyecto ALT1977: We Are Not Time Travelers, del diseñador Alex Varanese, en el que ha imaginado cómo serían los productos de tecnología de consumo (consolas de juegos portátiles, ordenadores, reproductores de música, teléfonos móviles) de haber sido diseñados a finales de los años 70 y, lo que es mejor, ha imaginado cómo serían los anuncios de prensa de esos productos.

Todo un homenaje a la publicidad de los 70.

La “soledad extrema” de Jeffrey Eugenides

Jeffrey EugenidesNueve años hubo que esperar para que Jeffrey Eugenides publicara una nueva novela tras el espectacular debut que supuso Las vírgenes suicidas (1993). El resultado fue Middlesex (2002), una obra literaria todavía más impactante que la anterior, acercándole a ese concepto de “la gran novela americana”. Han pasado ya ocho años y seguimos esperando una nueva novela.

Afortunadamente, con cierta periodicidad, The New Yorker publica algunos de sus relatos. El último, “Extreme Solitude”, parece ser además una especie de avance de lo que será su próxima novela. En el relato, que se desarrolla a principios de los ochenta, seguimos a Madeleine y su relación con Leonard, a quien conoce en una clase avanzada de semiótica, en la que los dos parecen estar fuera de lugar.

Alrededor de la mesa del seminario, cuando Madeleine entró en la habitación desde el invernal tiempo de la calle, había ocho personas vestidas con camisetas negras y vaqueros rotos. Algunos habían cortado los cuellos o las mangas de sus camisetas. Había algo extraño en la cara de uno de los tipos -era como la cara de un bebé extrañamente envejecido- y Madeleine necesitó un minuto para darse cuenta de que se había afeitado las cejas. Todo el mundo en la habitación tenía esa apariencia tan espectral que la saludable constitución de Madeleine parecía sospechosa, como un voto a Reagan. Por lo tanto, se sintió aliviada cuando entró un tipo grande con un chaquetón de plumas y botas para la nieve y se sentó en el asiento vacío junto a ella.

El relato, que toma su título del texto de Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso, texto en el que Madeleine parece encontrar respuestas a sus filias como lectora, alejadas de la pretenciosidad de sus compañeros de clase.

Madeleine  se sentía a salvo con una novela del siglo diecinueve. Sabía que iba a haber gente en ella. Que algo iba a pasarles en un lugar parecido al mundo.

Madeleine y Leonard (el tipo del plumas) son personajes que aparecen en la próxima novela de Jeffrey Eugenides, que todavía no está terminada. En una entrevista para The Book Bench, el blog literario de The New Yorker, avanza algo de lo que será la novela, que aún no tiene título:

La primera sección del nuevo libro tiene lugar el día de la graduación. Desde ahí la novela avanza en el tiempo. La acción central del libro comprende aproximadamente un año, desde la primavera de 1982 hasta la de 1983.

A pesar de que las novelas ambientadas en ambientes universitarios se han convertido en un subgénero bastante agotado ya, la trayectoria de Eugenides es valor suficiente para dar un voto de confianza.

Leer “Extreme Solitude”, de Jeffrey Eugenides.

Los niños ricos duermen en habitaciones imperiales

Bret Easton Ellis“Han hecho una película sobre nosotros”. Con esa frase comienza Imperial Bedrooms, la novela de Bret Easton Ellis que nos reencuentra con los personajes de Menos que cero, su primera novela, escalofriantemente autobiográfica, de la que ya han pasado 25 años de su publicación.

No deja de ser curioso cómo Ellis está en pleno proceso de reencuentro con sus personajes más carismáticos. Si en Lunar Park, el propio autor como personaje era perseguido por el ficticio protagonista de American Psycho, su novela más famosa, aquí es él mismo quien se convierte en referencia para sus personajes de ficción.

Los Angeles Times publica un perfil de Bret Easton Ellis escrito por Carolyn Kellog con motivo de la publicación de Imperial Bedrooms en Estados Unidos. Pero más interesante todavía son los descartes del reportaje, que Carolyn publica en Jacket Copy, el blog literario del LA Times, en el que Ellis habla sobre su relación con sus novelas y sus personajes.

Quería revisitar a un personaje, quería revisitar a Clay. Y eso fue lo que pasó, en términos de por qué he escrito el libro. (…) No había vuelto a leer Menos que cero como en 18 años. Lo releí. Y pensé, “Qué interesante. Bueno, ¿qué estará haciendo ahora?” Y lo dejé de lado. Pero la cuestión seguía volviendo a mi cabeza…

Un libro, es también, creo, si echo la vista atrás, un mapa emocional de dónde estaba yo en cierto momento dado. Cuando miro atrás a los libros que he escrito, puedo decir: “Este libro existe porque yo estaba ahí en ese momento. Eso es lo que yo era. Eso era lo que sentía. Eso era con lo que fantaseaba. Eso era lo que me dolía. Qué solo estaba.”

Imperial Bedrooms se publica estos días en Estados Unidos. Aún no hay fecha de lanzamiento en España.