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Shenzhen, Pyongyang, Rangún. Delisle el expatriado.

Guy Delisle, Shenzhen

Shenzhen, Pyongyang y Crónicas Birmanas, obra del historietista proveniente de la animación Guy Delisle, quedarán como un hito del cómic europeo de esta década. Cada uno de estos comics recoge las vivencias del autor en estas ciudades de Asia, un recorrido personal que trasciende el género del cuaderno de viajes para convertirse en algo más.

Quizás la mayor peculiaridad Guy Delisle es que es un viajero involuntario. La esencia de sus viajes no es ni vocacional ni vacacional, no es un aventurero ni un turista, por lo que a las narraciones de sus tres estancias en ciudades del Asia más totalitaria (China, Corea del Norte y Birmania) no se les puede acusar de estar teñidas del rosa entusiasmo de quien espera descubrir una nueva cultura. Delisle es la “víctima” de una situación que escapa a su control y eso proporciona una frescura en la descripción de los lugares que los aleja tanto de la postal como del panfleto reivindicativo. Pero vamos por orden.

Shenzhen (2000, ed. española: Astiberri 2006)
Guy Delisle, Shenzhen

El primer destino involuntario de Delisle fue Shenzhen, ciudad de China famosa por ser el origen de una especie de experimento económico y haber multiplicado su población por 31 en menos de 25 años, llegando casi a los 9.000.000 de habitantes. Delisle llega a la ciudad para sustituir al director de animación de una serie francesa de dibujos animados. A su llegada, es connsciente de que de sus recuerdos de su anterior viaje a China había eliminado todo lo negativo, y de nuevo se enfrenta a la realidad china en esa ciudad concentrada: la masificación, las frías habitaciones de hotel.
Shenzhen es una ciudad donde los edificios crecen a razón de una planta por día, donde una visita al dentista cuesta lo mismo que un viaje en autobús y donde es más fácil encontrar relojes de marca que un simple cuchillo de cocina. Delisle se ve arrastrado a una cierta incomunicación, principalmente por la barrera del idioma (ni siquiera con el personal del estudio puede comunicarse fluidamente en inglés), pero también por una cultura hasta cierto punto hostil al visitante, en el que al autor sólo le queda el refugio de la soledad y la idea de que su estancia tiene los días contados. Delisle transmite perfectamente los momentos de alegría que no casualmente coinciden con las dos salidas de la ciudad (a Cantón y a Hong Kong).
En cuanto al dibujo, aunque podría parecer que es el menos elaborado de los tres (y en cuanto a estructura, así es), también es cierto que es muy anterior a los otros dos, Pero sí que hay que reconocer que Shenzhen  posee una inmediatez fruto de la elaboración sobre el terreno que aporta una fluidez especial al relato.

Pyongyang (2003, ed. española: Astiberri 2007)
Guy Delisle, Pyongyang

De las tres obras, Pyongyang es inevitablemente la más política. Inevitable, porque Corea del Norte es inflexible con los visitantes extranjeros, que deben estar acompañados siempre por un traductor/guía, una especie de niñera estricta, que dicta lo que se hace, lo que se visita, y a dónde se va. Lo es también por la omnimepresncia de Kim Il Sung y Kim Jong Il, padre e hijo, fundador del país y actual presidente respectivamente. En Pyongyang, la sombra del Gran Hermano está presente del principio hasta el final, la paranoia es inevitable, y Guy Delisle utiliza el humor para distanciarse de esta dura realidad.
Si Pyongyang es una ciudad cuya única iluminación nocturna que rompe la total oscuridad es la de los monumentos al líder, y el único cine se abre una vez cada dos años para un festival de películas comunistas, la narración de Delisle consigue afrontar la situación con mucho humor, que transmite perfectamente a través de las viñetas, primero a través de una cierta fase de adaptación para una vez superado el choque cultural poder reirse de la situación con la (escasa) libertad reservada a los extranjeros y que tiene su punto culminante en la visita al Palacio de la Amistad (un museo dedicado Kim Il Sung) en el que Delisle aprovechará para desquitarse de las penurias sufridas.

Crónicas Birmanas (2007, ed. española: Astiberri 2008)
Guy Delisle, Crónicas Birmanas

El viaje a Birmania (o Myanmar, según se reconozca o no el país) se diferencia de los demás en que esta vez Delisle no se encuentra allí por motivos de trabajo, sino para acompañar a su mujer, miembro de Médicos Sin Fronteras, y cuidar de su hijo de apenas meses. Esta vez el relato se estructura en pequeñas historias breves o anécdotas en las que se puede apreciar cuánto ha mejorado Delisle en el timing de sus páginas, aumentando considerablemente el nivel de humor con respecto a Pyongyang y, sobre todo, a Shenzhen.
Esa tendencia está propiciada también por el hecho de que, aún encontrándose también en una dictadura, la despreocupación propia de la gente del sureste asiático (como el encontrarse allí con su familia) contagia a Delisle de una alegría que se aprecia en el tipo de historias pero también en el estilo de dibujo, que aúnque más elaborado, también es más divertido.Crónicas Birmanas también sale beneficiada de la ajetreada vida social del autor en Birmania, ya que describe sus encuentros con trabajadores de ONGs, diplomáticos y nativos, e incluso acaba dando clases de animación a algunos jóvenes birmanos con los que establecerá una especial relación.

Como decía en la introducción, Guy Delisle ha creado con estas tres obras, un importante hito de la historieta. Hace crónica social sin ser denso, es personal sin llegar a dar la impresión de ser demasiado íntimo y, sobre todo, es fresco y divertido, un tipo de lectura completa que puede gustar a todo el mundo. Absolutamente imprescindible.