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Portadas de libros clásicos, antes y ahora

1984, George Orwell (edición de 1955)Es de suponer que con el auge del libro electrónico, el diseño de portadas de libros siga un proceso similar al de portadas de discos, como ya conté hace unos años: una reducción de elementos que permitan el escalado, y en el caso de los libros, paso a la escala de grises que parece un estándar en los dispositivos lectores de libros electrónicos. Flavorwire ha seleccionado algunas de las más interesantes interpretaciones de ediciones de clásicos de la literatura universal, tanto en ediciones antiguas como más recientes.

Además de ser una muestra de por dónde van los tiros en el ámbito del diseño bibliográfico, no faltan curiosidades, como una portada de On The Road (En el camino), de Jack Kerouac digna de un bolisilibro romántico o la polémica (y rechazada) portada de John Gall para el 50 aniversario de Lolita de Vladimir Nabokov.

Portada definitiva de Lolita, edición del 50 aniversarioDiseño original de Lolita, edición del 50 aniversario

Si queréis saber algo más sobre Gall y su portada de Lolita, lo menciona en esta entrevista.

Homenaje a Carlos Monsiváis

Emocionante y divertido el homenaje al recientemente fallecido periodista y escritor mexicano Carlos Monsiváis que realiza el también mexicano Juan Villoro en la revista Letras Libres.

Monsiváis es una figura poco conocida en España, pero imprescindible para entender la cultura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX.

Desde muy pronto dejó de ser un mero testigo de los hechos para incorporarse a ellos como protagonista indirecto. Era demasiado célebre para pasar inadvertido. Su cabellera revuelta, su chamarra de mezclilla, su gran mandíbula cruzada por la sonrisa de quien aún no sabe qué pensar (o ya sabe pero prefiere no decirlo), determinaban el acontecer. El icono estaba ahí. Ignorarlo era como no advertir que ya llegó Blue Demon. Al verlo, los cantantes alteraban su repertorio y los ponentes sus citas. Con frecuencia, le pedían que subiera al estrado. No podía ser un cronista neutro de la realidad porque contribuía a crearla. La cultura de masas lo imitó y posó sin recato para él.

El particular obituario escrito por Villoro no falta alguna anécdota del

En 2009, en el Festival Hay de Cartagena de Indias, un norteamericano se dirigió a él con una mezcla de interés e insolencia: “Me gustó lo que dijo, pero nadie me puede decir quién es usted, ¿podría recomendarme alguno de sus libros?” Monsiváis fingió paciencia franciscana y contestó: “Me limitaré a dos: El llano en llamas y Pedro Páramo. Algunos maledicientes dicen que no los escribí yo, pero nunca les respondo a mis detractores.”

El texto completo del obituario de Carlos Monsiváis en la edición digital de Letras Libres.

Actualización (09-Jul-2010):
El homenaje se completa con dos textos del propio Monsiváis sobre el movimiento estudiantil del 68, una reflexión de Luis Felipe Fabre sobre su relación con la poesía, y otras dos semblanzas, por Armando González Torres y Julio Trujillo.

One-Hit Wonders de la literatura

The Huffington Post nos trae una lista muy peculiar: la de libros famosos que fueron el único éxito de sus autores. Este fenómeno, tan habitual en el mundo de la música, también se da, y con casos muy importantes en el terreno de la literatura.

F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby
J.D. Salinger, El guardián entre el centeno
Herman Melville, Moby Dick
Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó
Harper Lee, Matar a un ruiseñor
Ralph Ellison, El hombre invisible
Jack Kerouac, En el camino
William Golding, El señor de las moscas
Charlotte Bronte, Jane Eyre
Emily Bronte, Cumbres borrascosas
Anna Sewell, Belleza negra
Antoine de Sainte Exupery, El principito
Joseph Heller, Catch-22

La lista está inspirada en el artículo de Robert McCrumb “¿Una carrera literaria o una obra brillante y de éxito? Elige” publicado en The Guardian, en el que dice cosas como esta:

¿De verdad buscamos la consistencia en un artista? ¿Qué tiene que ver esa presión por complacer al mercado con el arte? La originalidad implica riesgo, y el riesgo lleva implícita la posibilidad de fracasar. Así es como nace la grandeza.

Pues tiene razón.

Somos la familia de la foto que venía en tu nuevo marco

Fantástico el breve relato de Colin Nissan en la web de McSweeney’s. De título demoledor y contenido no menos mordaz, es una pequeña obra maestra:

Antes de que nos quitéis del marco y nos sustituyais por una foto vuestra, quiero que nos echéis una buena y larga mirada. Somos guapos. ¿Cuále es la probabilidad de que tu familia sea tan feliz y estéticamente placentera como nosotros? Yo diría que, como mucho, un cuatro por ciento (…). Seamos claros. Es el momento de que pongas tu foto al lado de la nuestra y te preguntes una pregunta importante. ¿Quién es mejor? Entonces vuelve a poner en el cajón tu pequeña foto sacada en la bolera y deja que los Anderson conviertan esta casa en un hogar.

Fragmento de Somos la familia de la foto que venía en tu nuevo marco de Colin Nissan.

David Foster Wallace y Miguel de Unamuno

Este texto se iba a llamar Releyendo a David Foster Wallace, ya que mi intención inicial era repasar la obra de este autor recientemente fallecido. Sin embargo, antes de empezar a releer a DFW, y sin ningún tipo de intención, decidí releer antes Niebla, de don Miguel de Unamuno (resulta inevitable ponerle el don a don Miguel). Curiosamente, durante el tiempo que dediqué a la lectura de Niebla, la presencia de David Foster Wallace permanecía en mi cabeza.
La comparación entre los dos autores no es gratuita. Ambos, cada uno en su época, han sido la voz de lo peor del ser humano, Unamuno con los españoles, esa especie aparte, y Wallace mucho más general (cosas de la globalización, supongo). Pero Augusto, el protagonista de Niebla, está perdido como lo pueda estar cualquiera de los personajes que pueblan los relatos de Wallace, con su identidad pendiente de un hilo, el de los recursos de la ficción, que ambos han utilizado con humor y con bastante mala leche.
Además, el propio David Foster Wallace tiene él mismo mucho en común con el protagonista de Niebla: su final, por igual trágico e inevitable. A David Foster Wallace, su suicidio le ha delatado como ser de ficción, protagonista de un relato cargado de tópicos, que no por ello, como le ocurre a la nivola de Unamuno, lo hace menos triste.