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Voy a hablar sobre el final de Lost

Sí, yo también voy a hablar del capítulo final de Perdidos. Pero tranquilos que no habrá spoilers, ni debates encendidos, ni siquiera hablaré de la (deficiente) emisión simultánea en Cuatro. Esta entrada trata de los huecos entre la serie: la publicidad que se vio en la finale del pasado 23 de mayo.

Otros ya han hablado de cuánto costó anunciarse en el capítulo final de Lost. Yo voy a hablar de si esa inversión tuvo sus frutos, tanto a nivel creativo como económico.

A nivel creativo, el premio gordo se lo lleva la cadena de supermercados Target, que tomaron la sabia decisión de integrar sus anuncios dentro de la estética (y la épica) de la serie.

Para sus anuncios, se basaron en elementos de la serie tan populares como:

Los jabalíes (para anunciar salsa para las costillas de cerdo):

Los números (para anunciar un teclado de ordenador):

Y el humo negro (para anunciar… ¡tachán!… un detector de humo):

El secreto de esta perfecta integración es que la publicidad forma parte de un acuerdo entre la marca comercial y la cadena ABC, que no sólo permitió el uso de elementos de la serie, sino que también cedió al director Jack Bender, artífice de una gran cantidad de episodios de la serie.

Además, estos anuncios vencen la fantasma que planea sobre la publicidad en televisión, y es que a medida que consumimos televisión por vías distintas a la tradicional (descargas, dispositivos de grabación), se corre el riesgo de que los anuncios se pierdan. Sin embargo, estos anuncios harían detenerse a cualquiera que estuviera saltándose los anuncios al verlo en un grabador.

En cuanto al aspecto económico, pues parece que han sido un éxito, superando en todos los índices a la media de la programación en prime-time.

Como se puede ver en este gráfico

Hay un episodio de la estupenda serie How I Met Your Mother en el que Marshall, uno de los personajes protagonistas, se convierte en un adicto a las gráficas y a representar en ellas absolutamente todo lo que se le pasa por la cabeza.

Marshall Charts HIMYM

El diseñador gráfico Michael Deal parece que sufre del mismo trastorno que el personaje que interpreta Jason Segel en la serie. Lo más preocupante es que Deal no es producto de la ficción.

Beatles Working Schedule Chart

De momento, y mientras trabajan en la propia web del proyecto, se puede ver una muestra en la web de Michael Deal.

Mad Men: Cuánto pesa un día

Joan Halloway, Christina Hendricks, Mad Men

Mi mujer y yo seguimos la serie Mad Men con emoción e incredulidad (qué razón tiene Hernán Casciari cuando dice que Mad Men es como ver a un perro tocar el piano); la emoción de seguir las vidas de estos personajes en una época de cambios que les llenan de pocas alegrías y muchas frustraciones, la incredulidad de estar viendo algo especial, una serie donde apenas sucede nada pero todo es trascendente, no para el transcurso de la historia, no para “nosotros”, los espectadores, sino para esos personajes que parecen tan reales (se parecen tanto a cualquiera de nosotros) que dan miedo.

Y cada capítulo termina con una secuencia o un plano que contiene la verdad absoluta de las vidas de estos personajes: sus más íntimos anhelos y sus debilidades. Y en una de esas secuencias finales, concretamente en el octavo capítulo de la segunda temporada, “A Night To Remember”, se encuentra el plano del que he colocado una imagen, con Joan, la bomba sexual presuntamente superficial, sentada en la cama mirando la marca del tirante de su sujetador. El peso del día cae también sobre este personaje aparentemente indiferente a todo lo que le rodea. Sin duda uno de los planos más hermosos que he visto en mucho tiempo, cortesía de los guionistas Robin Veith y Matthew Weiner, del director Lesli Linka Glatter y del director de fotografía Christopher Manley.

24: Temporada 2. El musical

La televisión es una de mis pasiones. Los musicales, también. Dos pasiones que no tienen por qué ser complementarias, a no ser que uno se encuentre con algo como esto: un musical basado en la segunda temporada de 24. Este proyecto viene firmado por Jon y Al Kaplan, que ya habían compuesto una adaptación musical de El silencio de los corderos titulada Silence!.

¿Por qué la segunda temporada y no empezar desde el principio? Los autores lo dejan bastante claro en la web: porque es su temporada favorita. Además, añado yo, ¿quién puede resistirse a la idea de tener una canción interpretada por Kim “soy rubia Y tonta” Bauer y un puma, recreando uno de los más absurdos momentos de la serie.

Si queréis saber más sobre este friquísimo proyecto, podéis saber más en la página web de los autores.
Y si lo que queréis es escuchar la grabación, la gente de The Singing Stage, blog fundamental para los amantes de los musicales, lo han colgado. Descargar 24: Temporada 2. El musical.

Y hablando de series de televisión y musicales… ¡Exijo una edición en DVD de Cop Rock! ¡Ya!

El intercambio y los fetiches

A la manera del pintor Orbaneja para dejárselo bien claro a la SGAE.

Quizás este título arrastre a esta entrada a muchos lectores despistados pensando que se va a hablar aquí de cuestiones sexuales. Nada más lejos. O no. En realidad lo que estoy haciendo es utilizar dos eufemismos para evitar dos expresiones que me molestan especialmente, como son la piratería y la expresión “producto cultural”.
Ya está bien de criminalizar a los usuarios de redes P2P. Hace poco lo dejó bien patente la Comisión Europea, siendo tajantes al considerar “esencial velar por un acceso sin obstáculos a los contenidos culturales en línea (…), por encima de una lógica puramente económica y comercial”. Apúntenme en la lista de voluntarios para tatuar esta frase en las frentes de Luis Cobos, MiniRamón (o Ramoncín) y Teddy El Bautista. La piratería como tal en su propia definición incluye palabras robo, daño, y no creo que se esta la inteción de ninguno de los usuarios de los programas de intercambio de archivos. Me gusta pensar en lo que hacemos con el Emule o uTorrent como intercambio, ya que no crea que sea muy distinto a lo que hacíamos hace años al dejarnos comics, libros o películas, o al grabarnos cintas unos a otros.
Y para los que crean que no es lo mismo porque no existe el componente, solo les recomiendo una visita a sitios como TusSeries, que está haciendo más por la ficción televisiva que todos los canales de televisión españoles juntos; Allzine, cuya seriedad a la hora de compartir cine asiático de todos los tiempos ha conseguido a los aficionados al cine unos conocimientos que hasta hace muy poco no eran más que oscuras referencias en libros; pero sobre todo pienso en Comic Release Group. También conocido por sus siglas, CRG, el trabajo de este grupo de aficionados al comic de uno y otro lado del Atlántico, desde su creación está suponiendo un trabajo de catalogación y digitalización del comic cuyo trabajo debería servir de ejemplo a la Biblioteca Nacional. Históricas revistas españolas de comic, como Totem, Cairo o Cimoc han sido puestas a través de este foro a la disposición de cualquier aficionado, así como ingente material descatalogado que gracias a coleccionistas dispuestos a compartir sus colecciones dedican no poco trabajo a digitalizar obras maestras olvidadas de la historieta. Y los que piensen que si hacen lo mismo con productos recientes, están perjudicando a los autores y editores de comic, sólo les puedo decir una cosa: ¿cuándo se ha dispuesto de un mejor escaparate que un foro con miles de usuarios para una obra?
Por eso decía que no me gusta la expresión producto cultural. Y no es por la expresión en sí, sino por los que la utilizan. Los dos filos de esa expresión son igualmente peligros, el primero tiene que ver con que un producto no es otra cosa que algo que se crea para comerciar con él. Y el segundo es que en boca de políticos y otros amantes de la subvención, significa algo que debe ser protegido (y si esa protección tiene forma de cheque firmado por un ministerio, mejor). Soy de la opinión que en realidad todos los que compramos discos, libros, comics o dvds lo hacemos porque somos unos fetichistas. Es algo que nos lleva a actuar en las tiendas y librerías como seres básicos movidos por los reclamos de un nombre, una portada, una imagen. Todas las rabietas de la SGAE tienen que ver con que algo, ese fetichismo, se está convirtiendo en algo minoritario y que su mayor deseo, convertir un disco, un libro o una película en un mero objeto de consumo, se ha convertido en su mayor pesadilla, ya que como todo objeto de consumo está sujeto a unas reglás muy básicas, como que si algo se puede conseguir gratis, por qué pagar. Un consumidor se rige por este razonamiento, un fetichista está dispuesto a pagar un precio elevado por algo que él cree que lo vale.