Archivo de la etiqueta: Televisión

Chimenea: el montaje del director

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Estoy casi plagiando el título de un artículo que publica hoy el New York Times, sobre la proliferación de DVDs con grabaciones de chimeneas, todo un producto superventas en estas fechas. Lo más interesante es que nos situa el origen de esta cosa positza de las chimeneas en TV en 1966 en la cadena neoyorquina WPIX.
Por cierto, entre los títulos que destacan en el artículo está “Yule a Go-Go”, una chimenea con strippers. Yo les dejo con la chimenea original, la de WPIX.
Feliz Navidad a todos.

Mad Men: Cuánto pesa un día

Joan Halloway, Christina Hendricks, Mad Men

Mi mujer y yo seguimos la serie Mad Men con emoción e incredulidad (qué razón tiene Hernán Casciari cuando dice que Mad Men es como ver a un perro tocar el piano); la emoción de seguir las vidas de estos personajes en una época de cambios que les llenan de pocas alegrías y muchas frustraciones, la incredulidad de estar viendo algo especial, una serie donde apenas sucede nada pero todo es trascendente, no para el transcurso de la historia, no para “nosotros”, los espectadores, sino para esos personajes que parecen tan reales (se parecen tanto a cualquiera de nosotros) que dan miedo.

Y cada capítulo termina con una secuencia o un plano que contiene la verdad absoluta de las vidas de estos personajes: sus más íntimos anhelos y sus debilidades. Y en una de esas secuencias finales, concretamente en el octavo capítulo de la segunda temporada, “A Night To Remember”, se encuentra el plano del que he colocado una imagen, con Joan, la bomba sexual presuntamente superficial, sentada en la cama mirando la marca del tirante de su sujetador. El peso del día cae también sobre este personaje aparentemente indiferente a todo lo que le rodea. Sin duda uno de los planos más hermosos que he visto en mucho tiempo, cortesía de los guionistas Robin Veith y Matthew Weiner, del director Lesli Linka Glatter y del director de fotografía Christopher Manley.

La Casa Azul y el 25 aniversario de TV3

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Guille Milkyway, alias La Casa Azul, lo quiere saber todo sobre TV3, la televisión autonómica catalana. Y no es que quiera participar en los múltiples concursos que el canal ha creado para celebrar sus 25 años en antena. El músico barcelonés ha sido el encargado de crear una canción para conmemorar el evento. Cancionzaca, por cierto. Se llama “Vull saber-ho tot de tu” (quiero saberlo todo sobre ti), y es una canción bailable, pegadiza y de amor… a la tele.

Vull saber-ho tot de tu, ser part de la teva vida, vull
Memoritzar els teus records, investigar el què vas viure
Vull tenir-ho tot de tu, els plors i també el somriures, vull
Tafanejar les veritats, i rastrejar les mentides

Quiero saberlo todo de ti, ser parte de tu vida, quiero
Memorizar tus recuerdos, investigar lo que viviste
Quiero tenerlo todo de ti, los llantos y también las sonrisas, quiero
Cotillear las verdades, y rastrear las mentiras.

La letra entera en Arnau 2.0. Espero que tenga videoclip también, o videoclips, porque una buena idea sería hacer distintos vídeos de la canción para situarlos en distintos lugares de la parrilla: por ejemplo, un vídeo con históricos de los programas de entretinimiento: Mari Pau Huguet, Buenafuente, Mikimoto; otro con presentadores de informativos, otro con personajes de series infantiles (Dragon Ball, Arale, Capità Harlock,…). Se me va, lo siento.

Jorge Luis Borges y el doblaje


Da una especial alegría abrir un libro al azar y toparte de golpe con un texto que te llama especialmente la atención. Eso me pasó cuando abrí el otro día el primer volumen de las obras completas de Jorge Luis Borges, donde me encontré con este “Sobre el doblaje”, en la colección de breves ensayos llamada Discusión. El texto tiene prácticamente la misma validez ahora que en 1932 cuando fue publicado originalmente:

Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. Los griegos engendraron la quimera, monstruo con cabeza de león, con cabeza de dragón, con cabeza de cabra; los teólogos del siglo II, la Trinidad, en la que inextricablemente se articulan el Padre, el Hijo y el Espíritu; los zoólogos chinos, el ti-yiang, pájaro sobrenatural y bermejo, provisto de seis patas y de cuatro alas, pero sin cara ni ojos; los geómetras del siglo XIX, el hipercubo, figura de cuatro dimensiones, que encierrra un número infinito de cubos y qye está limitada por ocho cubos y veinticuatro cuadrados. Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se lllama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonéticovisuales?
Quienes defienden el doblaje razonarán (tal vez) que las objeciones que pueden oponérsele pueden oponerse, también, a cualquier otro ejemplo de traducción. Ese argumento desconoce, o elude, el defecto central: el arbitrio injerto de una voz y de otro lenguaje. La voz de Hepburn o de Garbo no es contingente; es, para el mundo, uno de sus atributos que la definen. Cabe asimismo recordar que la mímica del inglés no es la del español.
Oigo decir que ene las provincias el doblaje ha gustado. Trátase de un simple argumento de autoridad; mientras no se publiquen los silogismos de Chilecito o o de Chivilcoy, yo, por lo menos, no me dejaré intimidar. También oigo decir que el doblaje es deleitable, o tolerable para los que no saben inglés. Mi conocimiento del inglés es menos perfecto que mi desconocimiento del ruso; con todo, yo no me resignaría a rever Alexander Nevsky en otro idioma que el primitivo y lo vería con fervor, por novena o décima vez, si dieran la versión original, o una que yo creyera la original. Esto último es importante; peor que el doblaje, peor que la sustitución que importa el doblaje, es la conciencia general de una sustitución, de un engaño.
No hay partidario del doblaje que no acabe por invocar la pedestriación y el determinismo. Juran que ese expediente es el fruto de una evolución implacable y que pronto podremos elegir entre ver films doblados y no ver films. Dada la decadencia mundial del cinematógrafo (apenas corregida por alguna solitaria excepción como La máscara de Demetrio), la segunda de esas alternativas no es dolorosa. Recientes mamarrachos -pienso en El diario de un nazi, de Moscú, en La historia del doctor Wassell, de Hollywood- nos instan a juzgarla una suerte de paraíso negativo. Sight-seeing is the art of disappointment, dejó anotado Stevenson; esa definición conviene al cinematógrafo y, con triste frecuencia, al continuo impostergable que se llama vivir.

Asusta un poco, la verdad. Más de 75 años han pasado y seguimos con lo mismo. Luego llegó el DVD, Internet, y muchos nos vimos aliviados. Pero lo que Borges no podía imaginar (y mira que imaginación tenía) era que tantos años después sería otro medio, la televisión, más popular incluso que el cine el que volvería a convertir la versión original en algo habitual a muchos oídos,
donde comunidades enteras se reúnen para traducir, subtitular y compartir los últimos capítulos de las series americanas. Vamos, que este post en realidad es para decir que hoy es viernes y que estoy esperando el subtítulo del capítulo de Lost, serie con la que creo que Borges hubiera alucinado.

Tu si que sabes


Ahora todo programa que se precie tiene que tener tres jurados. Aunque la utilidad de todo esto es un tanto discutible en casos como el de El Gran Quiz, el nuevo concurso de preguntas y respuestas de cultura general de Cuatro, en el que ya me dirán qué puede opinar un jurado ante preguntas como “¿A qué Comunidad Autónoma pertenece Ciudad Real?“. De todas formas estos concursos nos gustan, y es más, crean estrellas. Vamos, que no consigo recordar el nombre de más de dos participantes de la última edición de Gran Hermano, pero ayer identifiqué a varios concursantes de Saber y ganar y a alguno de Pasapalabra. El programa, por lo visto, lo vio bastante gente. Y es que nos gustan estos programas. Yo diría más: la gente lista nos pone.

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